Children off Revolution


Children OFF Revolution
Bolas de azufre aptas para todo público.
(texto para la exposición de Víctor Castillo, Espace OFF*Ample Barcelona, 2005)

“Los niños suelen ser crueles por su propia inocencia”
San Agustín

No es muy difícil crear relaciones entre arte y juego, y esto fundamentalmente se debe a que el arte, en realidad, no es más que un simple jueguito: aburrido para algunos, interesante para otros, a veces un juego tipo Monópolis (de inversión y ganancia), otras uno de pérdida pura (un Potlach).

Víctor Castillo hace trampa, compone el campo de su juego usando los dispositivos de guerra más baratos y aparentemente inocuos, rompiendo una regla de oro de cualquier batalla, no exhibir nunca ante el enemigo la estrategia. Juego de simulación, juego olímpico, juguete sexual. Juego educativo, económico y mundial, juego de salón, de palabras, de azar, juego de policías y ladrones, juego infantil.

Los juguetes y las “prácticas recreativas” en general, siempre han sido parte de una estrategia adulta por normalizar y domesticar la desfachatada crueldad de niños y niñas que, capaces de matar animales con piedras a plena luz del día, sacarse los ojos o maquillarse con mierda, necesitan elementos “ficticios” que les permitan canalizar ese, su propio salvajismo. Así es como los padres dibujan, para que los niños rellenen y coloreen. Padres que diseñan una crueldad más eficaz que la de palos y piedras, que disfrazan la competencia de algo saludable, trazando los parámetros de muerte que son permitidos. Padres generando simuladores legales de asesinatos en serie, de anorexias y bulimias platinadas, padres y madres fomentando las fláccidas trampas del trick or treat (dulce o travesura), llegando a ofrecerse incluso a sí mismos como víctimas (ya se sabe, es sólo un juego…).

El niño entonces, más que estar en su derecho, cumple totalmente su función al degollar un Playmobil; la niña podrá ejercitar disecciones y escenas sado con sus Barbies, y un placer despiadado por la industria. Los padres en sus habitaciones descansan contentos, satisfechos por tener su representación miniaturizada durmiendo en casa, mientras por la tele pasan en tiempo real el último bombardeo de Bagdad.

Lucía Egaña Rojas

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